lunes, 11 de abril de 2011

Experimento social: Placer, Sociedad y Mujer.

La base de nuestro experimento social consiste en la generación de una respuesta, ya sea positiva o negativa, respecto de la capacidad que tienen las personas en cuanto a temas que son generalmente de difícil manejo dentro de nuestra sociedad, tales como la sexualidad. En este sentido, podemos decir que moralmente existe una especie de tabú al hablar del sexo como un medio de placer, siendo este concebido normalmente como un mero medio de reproducción humana. Esto se acentúa notoriamente cuando se trata de hablar de la sexualidad femenina la cual, según varios teóricos de los estudios de género, no está totalmente definida como una identidad propia de la mujer en tanto es usualmente percibida de acuerdo a la identidad masculina y a las concepciones que el género masculino tiene del sexo.
En este sentido, nos causa un gran cuestionamiento y curiosidad el poder observar la reacción de las personas ante ciertos elementos de la sexualidad, especialmente cuando el tema es tratado por mujeres. Por esta razón, decidimos realizar un diseño de experimento enfocado en la sexualidad, específicamente en los juguetes sexuales y el significado que estos presentan para la sociedad, como lo es particularmente el caso de dildos, vibradores y consoladores que son utilizados por mujeres. Es de esta manera que el experimento en sí tiene como pretensión la reacción directa que genera el (simple) pronunciamiento de estos “juguetes sexuales” en un entorno público como lo es el mall de Concepción.

Para la planificación de dicha actividad rupturista la preparación consistía principalmente en un autoconvencimiento propio respecto del tema, de ese modo al mismo tiempo que pretendíamos un experimento para con otros, se producía en nosotras mismas la ruptura respecto del tema en tanto teníamos que ser capaces de quebrantar los prejuicios o preconcepciones que teníamos acerca de estos “juguetes sexuales” para de ese modo darle legitimidad al experimento y de ese modo poder plantarnos ante un “otro” con la seguridad necesaria para que dicha terminología referida a juguetes sexuales no tuviera una connotación ajena a nuestro vocabulario habitual y más aún sin caer en la morbosidad que puede generar tal terminología referente a aparatos que otorgan placer sexual. De este modo la generación de una postura creíble y natural acerca del tema era necesaria para poder causar una reacción que propiciara la ruptura, en definitiva que nos permitiera el querer hacer cotidiano algo que para otros sujetos no lo es y pretender también que fuera cotidiano para nosotras.

De esta manera, el experimento fue llevado a cabo un día jueves en el Mall Plaza el Trébol de Concepción a las 12:30 p.m. En primer lugar, nos propusimos el “tantear el terreno” del lugar, buscando aquel espacio preciso en el que se podía desarrollar el experimento, para lo cual realizamos una observación minuciosa tanto del lugar, como de los posibles personajes que serían objeto de nuestra intervención. Fue así como recorrimos la gran mayoría de las grandes tiendas instaladas en este centro comercial. Nuestro objetivo fijo, era realizar la ruptura en el lugar electrónico de las tiendes, específicamente en donde se encuentran los electrodomésticos y utensilios dirigidos al público femenino, tales como planchas para el pelo, secadores, depiladoras, que se enfocan más al ámbito íntimo de la mujer. Teniendo presente que los juguetes sexuales tales como vibradores y dildos electrónicos van relacionados con la intimidad y los aspectos más personales de la mujer. Cabe mencionar, que hubiese generado otro tipo de reacciones el caso de que nuestro grupo hubiese estado conformado por hombres y la ruptura hubiese sido realizada por uno, sin embargo, dado las circunstancias sólo tendríamos una respuesta a partir de nuestra condición de género.

Luego de decidirnos por un lugar más adecuado para desarrollar este experimento fue en la multitienda Almacenes Paris. En el sector electrodomésticos del segundo piso de dicha tienda. Es así, como el experimento se desarrolla de la siguiente manera, al ingresar al lugar, identificamos en primera instancia el sector dirigido a las mujeres ya mencionado anteriormente. Es importante recalcar, que al entrar a la tienda, nuestra actitud demostraba cohibición de nuestra parte y una risa nerviosa, sin embargo, al localizar nuestro objetivo, nuestra postura cambia radicalmente y sin un consenso previo hablado, sino mas bien, de manera implícita, hacia una actitud seria, normal y “natural”, tratando de colocarnos en el papel de la típica compradora que va a una tienda buscando algo específico.

Una vez logrado esto, procedimos a hacer una observación de las vendedoras del sector, quienes siendo sólo mujeres se encontraban agrupadas sosteniendo una amena conversación, mientras esperaban la llegada de clientes, en este caso nosotras. El hecho de que fueran tantas mujeres y todas reunidas en círculo, provocó una mirada cómplice entre nosotras que nos hizo dudar acerca de si era el momento y el lugar y de si podríamos lograr hacer nuestra ruptura. Sin embargo, es en ese mismo instante en que una de las vendedoras; con un avanzado estado de embarazo, morena, de estatura media, muy arreglada y bien presentada; se acerca hacia nosotras con el objetivo claro de ofrecernos atención. Y nosotras con cierto titubeo al comienzo, sin previo aviso, procedimos a realizar la ruptura de manera natural y espontánea. De esta manera, la vendedora al acercarse nos pregunta: “Las puedo ayudar en algo”; nosotras por nuestra parte superando el titubeo inicial una de nosotras responde: “Si, tengo una duda ¿tiene vibradores?” A lo cuál ella abre los ojos ligeramente evidenciando duda acerca de lo que escucho y si entendió bien el mensaje y dijo: “¿Cómo vibradores, me pueden explicar mejor?” Nosotras respondimos: “Vibradores, dildos, consoladores… ese tipo de cosas” La vendedora al escuchar esto se descoloca un poco abre mucho más los ojos demostrando asombro y se sonroja ligeramente y mirando nuestras caras perpleja tratando de entender si era broma o en serio, sin embargo, nuestra postura seria y esperando una respuesta clara acerca de nuestra consulta ella procedió a decir: “No, no tenemos”; Entonces le dijimos: “ Y no sabe donde podemos encontrar en el mall una tienda donde los vendan, porque ella uso, yo uso, es como algo normal” esto con la finalidad de demostrar extrañeza de parte de nosotras de que no hubieran dildos y vibradores en la tiendan. La vendedora más desconcertada aún y notoriamente incómoda, comienza a retroceder y tomar distancia espacial respecto de nosotras y dice con la intención de mantener una postura profesional y normal “No y no creo que encuentren acá ESO” Nosotras tratando de continuar con la ruptura y acrecentar el tipo de reacción que ella pudiera tener, preguntamos “Y no tiene algo que cumpla el mismo tipo de función” Ante esto, la vendedora demuestra su incomodidad sin reparo y además el resto de sus compañeras que habían estado poniendo atención al diálogo y disimulando también la sorpresa que generaba nuestra consulta también respondieron con el movimiento de sus cuerpos y cabezas. La vendedora sin mencionar palabra mueve su cabeza en forma de negación, tratando de demostrar que no cabía en si que pudiéramos ir a preguntar por este tipo de juguetes. Nosotras tratando de proseguir con el diálogo dijimos: “Es que en el mall de Santiago se encuentran ese tipo de cosas” de manera de legitimar una postura cotidiana y natural ante el tema tratado en nuestro experimento. La vendedora por su parte, expresó con su rostro sui real incomodidad y la conversación se dio automática por terminada a lo cual nosotras dijios: “bueno, gracias de todas formas, tendremos que buscar en otra parte” y ella respondió “de nada, hasta luego” esta última respuesta, si bien denotó cortesía, también dejo en claro que era sólo por deber y profesionalismo. Posteriormente a esto, procedimos a comenzar a caminar, despreocupadamente y evitando el mirarnos con cara de cómplices al haber logrado nuestra “travesura”, sino mas bien normales, tratando de ubicar un punto estratégico desde el cual poder observar la reacción posterior de la vendedora y del entorno. De esta manera, nos dirigimos a las secciones aledañas al sitio en el que nos encontrábamos y miramos hacia atrás. Lo primero que pudimos observar era que nuestra vendedora estaba rodeada de un círculo de colegas que la escuchaban con cara atónita y algunas con una risa nerviosa. Ella por su parte, relataba lo sucedido con nosotras con una expresión muy desconcertada. Por razones obvias, no pudimos quedarnos mucho tiempo, pues ella nos miraba esporádicamente para asegurarse de si seguíamos o no en la tienda.

De acuerdo al relato etnometodológico anteriormente presentado, es necesario realizar un análisis de las reacciones, interacciones, y sucesos observados durante y posteriormente realizado el experimento sociológico. De esta manera podremos obtener una mejor comprensión acerca de las reacciones dadas en la sociedad ante ciertos elementos que se alejan a las pautas y a las normalidades que la sociedad concibe como cotidianas.

En primer lugar, es necesario partir aclarando uno de los elementos que más llama la atención dentro de nuestro análisis es la incorporación de la indexicalidad inserta en el código del lenguaje utilizado en el diálogo entre nuestro agente o conejillo de indias y nosotras. Por medio de esta indexicalidad y dada la vaguedad del lenguaje expresada por nuestra interlocutora durante todo el proceso de interacción, hecho que se notó de manera clara en nuestras percepciones momentáneas individuales y posteriormente en la discusión analítica de lo ocurrido. En definitiva, debido a la mención realizada al juguete sexual en cuestión, por parte de la vendedora, no se concretó o expreso nunca en términos claros y reales, sino mas bien mediante vaguedades y términos que sólo aludían a un tipo de objeto que no se quería nombrar por su propio nominativo.

Las obra de Simmel, centrada en el análisis estético y expresivo del rostro, nos permite poder expresar y comprender la finalidad de nuestro experimento sociológico, cuya pretensión era abiertamente, la de descubrir las nociones o percepciones que se generan al preguntar a un completo extraño, quien ha de lidiar como parte de su trabajo, con un montón de sujetos con los que ha de interaccionar y dialogar, así como también responder a diversas preguntas. De esta manera, es interesante el poder comprender el cómo se generan las pautas, estructuras y esquemas que tiene esta persona y cómo a pesar de la multiplicidad de rostros e individuos que puede ver durante su jornada laboral y la infinidad de preguntas que tiene que responder, este sujeto no ha perdido completamente la capacidad de asombro.

En este sentido, las frases citadas por el mismo Simmel "…No hay ninguna figura que permita confluir una multiplicidad tan grande de formas y planos en una unidad de sentido tan incondicionada como lo permite el rostro humano" y "… el alma que habita tras los rasgos del rostro y, sin embargo habita visible en ellos es precisamente la interacción, el aludirse los unos con los otros, de los rasgos particulares" , nos permiten llegar a un punto de comprensión que sostiene que no es sino sólo el rostro el que nos puede otorgar una especie de válvula de escape de la subjetividad interior de nuestra interlocutora que exprese claramente sus impresiones y sensaciones experimentadas ante nuestro ejercicio de ruptura. Sobre todo en tanto su ambiente y su cotianeidad, es un enajenante y coartante del cuerpo y de sus sensaciones y percepciones más personales acerca de un sin fin de temas y situaciones cotidianas. Por ende, podemos afirmar que es el rostro aquel único espacio de nuestra persona que aún no ha sido absorbido por la monotonía laboral en la que se encuentra inmersa la persona con la interactuamos en nuestro experimento.

Tras el acercamiento inicial, tras la primera instancia de interacción y siguiendo con la dinámica del consumismo; que se presenta cotidianamente en nuestra sociedad con particular énfasis dentro de los centros comerciales como en el que nos encontrábamos; quedó de manera tácita los roles que cada participante de la interacción adoptó. De esta forma, automáticamente para ella nosotras éramos posibles clientes, compradores, en tanto que para nosotras, ella era una vendedora. De esta manera la dinámica compra-venta se estableció de manera implícita y casi instintivamente, en cuanto nos hicimos presentes, en tanto ella era el medio entre la oferta y la demanda de los productos de la tienda y nosotras representábamos una posible compra y ganancia para esta. De este modo el rol que cada una desempeñó fue esencial a la hora de realizar el experimento en tanto dentro de nuestros objetivos no estaba el pretender quebrar tal dinámica del consumo en tanto a los roles, sino más bien era un intento de quebrantar la dinámica que se da dentro de tales roles. Romper y dinamizar el cómo se cumplen los roles según elementos tan básicos y superfluos como lo es la compra de un determinado producto o de un determinado contenido.

A partir de esto, nuestras acciones y reacciones e interacción en sí, nos llevó a lograr nuestro objetivo en tanto, nuestra interacción y nuestra ruptura dentro del rol de consumo, en cuanto a la demanda de cierto producto inexistente dentro de la tienda y como parte de un tema de cierta incomodidad de tocar abiertamente dentro la sociedad, como es la sexualidad y el placer femenino; provocó la reacción comúnmente esperada dentro de este ámbito. La generación de desconcierto y descolocación del otro individuo quien ha sido extraído de su rol o del modo en que se da su rol habitualmente y ante la improvisación de tener que actuar de manera espontánea y controlada ante un hecho que se apartaba de su normalidad o de su cotidianeidad laboral.

Lo anterior, es posible deducir, mediante sus expresiones faciales, expresiones en las cuales se reflejan todas sus impresiones generalizadas ante lo que ocurre dentro de la interacción. Su cara de impresión, sus ojos atónitos, su boca fruncida, sus mejillas sonrojadas, son indicadores que nos permiten vislumbrar e interpretar así como también asumir que sus reacciones ante nuestra ruptura, reflejan incomodidad y el hecho de estar ante una situación embarazosa y extraña. Esto se puede comprender mejor en las palabras de Simmel: “…El abrir desmesurado de la boca y de los ojos, no sólo es muy antiestética, sino que precisamente esos movimientos son la expresión del ‘estar desespiritualizado’, de la paralización anímica de la pérdida momentánea del dominio espiritual sobre nosotros mismos" . Entonces podemos decir que es a través estos movimientos y expresiones del rostro, que nuestra interlocutora vierte dentro de la interacción parte de su ser y de su subjetividad. En tanto podemos apreciar que si bien la vendedora conoce el término dildos, vibradores y consoladores, y probablemente sepa de qué se trata, pero que sin embargo, no es posible concebir dentro de la cotidianeidad el uso de estas palabras y de estos elementos, especialmente en su lugar de trabajo, lo que le genera quizás vergüenza, asombro, sonrojamiento, incomodidad o incluso morbosidad.

De esta manera, se establece durante la interacción la sensación de que nuestra interlocutora pretendía y esperaba alguna explicación o reacción de nuestra parte, por medio de la expresión de nuestros rostros, ver algún vestigio de verdad o mentira dentro de la pregunta en si, saber si realmente se trataba de alguna broma o parte de nuestra cotidianeidad.

Por otra parte, cabe mencionar que dada la respuesta de nuestros rostros, que con una debida preparación, en un proceso de ruptura previo, realizado en nosotras mismas, no reflejaba ninguna reacción que denostara que se trataba de una "mala broma", ante esto la vendedora no tuvo mas opción que seguir guardando compostura dentro de lo que ella misma se permitía y seguir interactuando con nosotras con todo el reparo que para ella esto podía significar. Además, dada la postura de alejamiento que comenzó a hacerse notar más aún cuando la pregunta de parte de una de nosotras fue la de “encontrar otro artefacto que cumpliera la misma funcionalidad que el vibrador”, la ruptura en ese momento se dio por completada y lograda. Su rostro reflejó aún mas espanto y descompostura que con anterioridad, además de su cuerpo que se irguió notoriamente y dio unos pasos en retroceso, demostrando alejamiento hacia nosotras, eso si, cabe destacar, que ella siempre estuvo tratando de disimular estas reacciones que aún siendo evidentes trataba en vano de ocultar y mantener una compostura profesional.

En conclusión y a partir del análisis realizado anteriormente, hemos podido llegar a deducir que efectivamente los temas de sexualidad dentro de la sociedad contemporánea; pese a toda la apertura que ha habido en términos de tecnologías, de libertad de expresión y de concepciones acera de la identidad femenina y el placer sexual de la mujer; aún sigue siendo un tema tabú, un tema complejo de tratar dentro de la cotidianeidad de una interacción simple como se puede dar dentro de una tienda comercial.

Por otra parte, cabe mencionar, que bajo nuestra propia percepción, el tema para ella no era desconocido, probablemente lo ha hablado con sus amigas mas cercanas, quizás ha experimentado con su pareja, entre otras cosas, pero lo que si se deja entrever dentro de esta ruptura es que lo que incomodaba a nuestra interlocutora, era el hablar de juguetes sexuales generadores de placer sexual, con dos jóvenes mujeres desconocidas, que pretenden encontrar un tipo de producto o juguete sexual, probablemente para el uso propio y compartido y que lo hicieran de una manera tan natural y normal, haciéndolo pasar como parte de sus propias subjetividades e identidades. Es de esta forma que podemos decir que a final de cuentas son dos los elementos lo que generan una ruptura dentro de esta interacción. En primer lugar el uso libre del término “dildo”, “vibrador” y “consolador” y en segundo lugar la postura adoptada por nosotras frente a este tema y al discurso otorgado por nosotras.

Es por tanto que a partir de una análisis de las reacciones del rostro, como el realizado, que somos capaces de generar una postura en donde podemos decir que la sexualidad aún no se vive de manera libre, que aún la sociedad se coarta a si misma y vive dentro del extrañamiento en tanto a conceptos que debieran formar parte de un discurso común en tanto forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos. La ruptura por tanto, constituye un reflejo de lo que se vive día a día en nuestras sociedad y por sobre todo en nuestro país donde existe ese doble estándar tan habitual y característico que poseemos, que por un lado sabe de lo que se habla, pero prefiere ocultarlo mediante eufemismos que caen muchas veces en el morbo, pero que sin duda no son mas que muestras de lo poco acostumbrados que estamos de decir las cosas como son y por como se llaman.

Autoras: Pamela Araneda(notngoremedio.blogspot.com)
Camila Bahamondes

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